No he llegado hasta aquí solo para jugar, he llegado para ganar

Carlos Sáez

¡Es posible volver a escuchar!

Mi nombre es Carlos, tengo 46 años y no soy sordo del oído derecho. Lo de mi oído izquierdo, es absolutamente todo lo contrario. Pero poco a poco, gracias a mi implante coclear y al trabajo de logopedia que voy haciendo, voy recuperando lo que perdí hace un tiempo, más o menos algo más de quince años.

Durante toda mi vida tuve muy buena audición en los dos oídos, pero tras un viaje en avión, allá por el año 2009 empecé a notar algo en mi oído izquierdo. Al principio pensé que era por el vuelo y demás. Pero con el paso de los días, la cosa no mejoraba y decidí acudir al otorrino para ver qué me ocurría. En principio no vieron ninguna anomalía. Pero yo seguía perdiendo audición poco a poco y oyendo unos zumbidos llamados tinnitus, era algo que no me parecía normal. Notaba también cosas extrañas, como al encender la radio, dependiendo el tipo y tono de voz del hablante me molestaba o no.

Acudí a una segunda opinión y más de lo mismo, busqué una tercera, incluso una cuarta. Y no sé si en la quinta o en la octava, que ya era totalmente sordo de mi oído izquierdo, concluyeron en que debería ponerme un audífono. Sinceramente, en esa época yo no sabía mucho sobre audición, pero era bastante escéptico a lo del audífono, ya que no es que tuviera poca audición, sino que ya no tenía nada. Pues sí, el audífono consiguió algo, que lo llevase en mi oreja apuntando hacia mi oído, con un color muy similar al de mi piel para que no se notase mucho, hecho a medida con un molde y demás. Pero al aparatito se le olvidó una sencilla cosa, que yo escuchase algo. Bueno, escuché el silencio y mis zumbidos, a los que ya había cogido cariño. Se confirmaron mis sospechas, no me sirvió para nada. Volví a la consulta donde me “recetaron” el audífono y nunca olvidaré las palabras del doctor: “Lo que te pasa a ti es que no te funciona el nervio. Imagínate un arbolito que se acaba secando. Pues eso te ha pasado. Se te ha secado poco a poco. No hay ninguna solución.” Después de esa explicación del diagnóstico de un doctor, teóricamente muy reputado, digna de maestro de educación infantil tuve que empezar a asumir que el resto de mi vida iba a seguir escuchando solo por un lado.

¿Qué podía hacer en ese momento? Sí, revisiones periódicas para mi único oído sano y cuidarlo muy bien para poder defenderme con uno solo. Lo cual pude hacer, pues estaba totalmente sano. Asumí que mi oído izquierdo ya no existía y que con el derecho debía y podía hacer todo lo que había hecho hasta ahora.

Aprendí a vivir con ello, seguía escuchando música, tocando la guitarra, cantando, yendo al cine, viendo la televisión, haciendo deporte… Al fin y al cabo tenía un oído y me decía a mí mismo que tenía suerte de que no fueran los dos. Sinceramente, ese miedo lo había tenido siempre, perder la audición de mi otro oído. Pero en ocasiones me costaba, pues el tinnitus del oído perdido había días, incluso épocas, que era muy fuerte y en ocasiones no tanto. Pero no ayudaba a desenvolverme a la perfección. También tenía otro miedo, que en el tamizaje auditivo neonatal (audiometrías para recién nacidos) que les hicieron a mis dos hijas días después de su nacimiento, no hubiera ninguna anomalía. No dormí tranquilo hasta saber que el resultado fue muy bueno. No sabía si “lo mío” era hereditario o no.

Pasaban los años y seguía revisándome paulatinamente. Todo seguía igual, cero en mi oído izquierdo, prácticamente cien en el derecho. Pero llegó el día, que por azares del destino me revisé en un centro auditivo diferente al que iba. Durante la prueba, pasó algo que nunca me habían hecho. Se me midió la audición de mi lado izquierdo por detrás de la oreja. No le di importancia, pensé que era una prueba más. Y, sin saberlo, en ese momento empezó a cambiar mi vida.

Lo recuerdo perfectamente y lo veo al cerrar los ojos. Al salir de la cabina, me senté en una mesa redonda, donde estaba la audióloga, esperando a escuchar lo de siempre, pero me miró a los ojos y me dijo: “¿Por qué me has dicho que no puedes oír?” a lo que le contesté “Pues porque el nervio auditivo no funciona” Y entonces la chica me respondió con una sonrisa: “Eso no es cierto. Escuchas perfectamente por la cóclea. Me has respondido a todo bien. Era tu lado izquierdo, no el derecho. Tú puedes volver a escuchar. ¿Has oído hablar del implante coclear?”.

Lo siguiente que recuerdo es que las palabras “Tú puedes volver a escuchar” produjeron dentro de mí algo indescriptible. Me explicó qué era eso del implante coclear y qué debía hacer. Al salir de allí tenía que contarlo, lo primero que se me ocurrió fue llamar a mis padres y cuando les dije que podía volver a escuchar, lloré. Lloré hasta llegar a casa llamando a familiares y amigos. No podía creerlo, ¿en serio que eso era posible? Pero si me habían dicho que no, que era imposible, ¿y sabéis qué? ¡ERA POSIBLE VOLVER A ESCUCHAR!

Me puse manos a la obra y empecé de cero, pero esta vez con una salvedad. Fui a la Seguridad Social, dejé de lado ir por lo privado. Visita al doctor, prueba audiológica y me pidieron, por primera vez, una resonancia magnética. En septiembre de 2024, en la consulta, para ver el resultado de la resonancia, el Dr. Ignacio Pla me dijo: “Claro que no puedes oír nada, tienes un tumor en el oído. Pero tranquilo, es benigno.” He de confesar que lo de “benigno” me lo dijo al ver la expresión de mi cara y que el color de mi piel se había vuelto blanco nuclear. Tuvimos un par de visitas más para darme la noticia de que era candidato a la implantación debido a un Schwannoma Vestibular y decidí seguir adelante. No tenía nada que perder. No había llegado hasta aquí solo para jugar, había llegado para ganar.

Comencé a investigar vía internet, preguntando a gente implantada que me encontraba por la calle, en restaurantes, en supermercados… Y tropecé con una persona que me habló de Federación AICE y AICCV. Concerté una cita con la asociación y me resolvieron cada una de las dudas que tenía, que no eran pocas. Consiguieron que tuviera más confianza y fe, si cabía, en seguir adelante.

Llegó el momento, la fecha elegida, el día que lo cambió todo, mejor dicho, el que empezó a cambiarlo todo: 27 de mayo de 2025. El Dr. Pla me extrajo el Schwannoma y me colocó el implante coclear. Poco más de un mes después, mi técnico Alejandro me conectó el procesador y… Desde luego no escuchaba, lógicamente, pero oía cosas, entraban sonidos, notaba sensaciones… Y lloré por esta causa una vez más.

A día de hoy, hago una vida totalmente normal, la que he llevado siempre: Hago deporte, sigo tocando la guitarra, cantando, escuchando música, yendo al cine, viendo la televisión, etc. Pero con mi nuevo oído. Estoy rehabilitando mi audición con mi logopeda Violeta y voy poco a poco, paso a paso. El camino es largo, pero noto que avanzo día a día, tengo paciencia. Sé que escucharé perfectamente, estoy seguro, porque no he llegado hasta aquí solo para jugar, he llegado para ganar. Y qué mejor manera de ir a ganar si, además, no solo soy socio de AICE, sino que trabajo con ellos. Ya os dije antes que el 27 de mayo de 2025 empezó a cambiarlo todo. Y lo que queda por venir.

Sé que he llorado en este proceso, ya os lo he contado, pero siempre ha sido de alegría. Siempre ha sido porque descubrí que podía volver a escuchar, ¿y sabéis qué?

¡QUE PUEDO!

Carlos y sus hijas, Vega, en el centro, y Claudia, haciendo el signo del implante coclear
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