Elisa Gómez, tiene 26 años, es manchega, vive en Herencia (Ciudad Real) y tiene una hipoacusia neurosensorial bilateral profunda de nacimiento. Hoy quiere compartir con los lectores de “Integración” su vivencia personal y su experiencia con el implante coclear.
Todo empezó cuando yo tenía 1 año, mis padres se venían preocupando porque lloraba mucho y no me despertaba fácilmente cuando había ruidos fuertes. Y al darse cuenta que no les hacía mucho caso y tampoco avanzaba en el lenguaje, entonces me llevaron al otorrino que me hizo pruebas de audición (potenciales evocados). Sin embargo, los médicos nos dijeron que tenía poca pérdida de audición y que no pasaba nada, que podía solucionarse con audífonos. Tras varias consultas a diferentes otorrinos seguíamos sin saber el alcance de mi sordera y sin conocer el tema del implante coclear, y sin resultados positivos con los audífonos.
A los dos años, un otorrino nos recomendó que fuese a una asociación de personas sordas. Allí me daban clases de logopedia y coincidí con una niña implantada (María), la cual evolucionaba muchísimo mejor que yo. Nadie nos aconsejaba el implante en esa época y mis padres decidieron, aconsejados por los padres de María ir a la consulta del doctor García Ibáñez en Barcelona, donde tras las pruebas nos dijeron que la única solución sería poner el implante coclear. En noviembre de 1999, por aquél entonces yo tenía 3 años y medio (un poco tarde) me operó el doctor Gª-Ibáñez. Un poco tarde porque en esa época se estaba empezando a operar a los niños y en la seguridad social sólo se operaba a los adultos. No me acuerdo cómo fue mi reacción, mis padres me dijeron que mi reacción fue de sorpresa, al salir a la calle había muchos coches, pájaros, ruidos, motos… empecé a llorar y mis padres también. Este momento nos cambió la vida.

Iba a logopedia, tres o cuatro veces por semana, la asociación está a una distancia de 80 kilómetros de mi casa, fueron muchos viajes, pero las sesiones me ayudaron bastante a avanzar en mi lenguaje y mi compresión, no todo lo que yo hubiera querido, si me hubiera operado antes. El problema de la compresión sigo arrastrándolo actualmente.
En el colegio he tenido logopeda y algunos apoyos para poder avanzar en el aprendizaje y mejor comprensión, incluido un equipo de FM.
Al empezar en el instituto falleció mi madre y he tenido muchos problemas, porque ya a partir de secundaria no existen adaptaciones ni apoyos. Los profesores no conocían muy bien sobre mi sordera ni estaban preparados para hacerme las adaptaciones. Mi padre consiguió que los directores del instituto y algunos profesores se involucraran en darme apoyo. Antes de empezar el bachillerato, ellos me recomendaron hacerlo en 3 años y así tener horas libres para apoyos.
Después de acabar el bachillerato, aprobé la selectividad y decidí que no iba a hacer una carrera porque pensaba que no iba a tener apoyos y adaptaciones, y entonces hice un grado superior y después tenía pensado hacer una carrera. Pero al final me equivoqué porque donde no tuve apoyos fue en el grado superior resultando muy complicado, difícil y muy duro psicológicamente porque algunos profesores no llegaron a entender mi problema.
Estudié un Grado Superior de Técnico de Laboratorio Clínico y Biomédico en Toledo. Suspendía casi todas las asignaturas, y al final las recuperaba con muchísimo esfuerzo. Esos dos años han sido los peores años de mi etapa escolar, porque incluso uno de los profesores que no me adaptaba nada la asignatura llegó a decir que no iba a hacer las prácticas porque no comprendía nada y no iba a conseguir nada en la vida. También me comentó que no entendía por qué elegí ese grado superior ya que era muy difícil para mí. Y eso me dolió muchísimo.
Durante toda la etapa de estudiante, por las tardes, me ayudaron mucho en las tareas y el estudio; mi madre en la etapa del colegio y en el instituto mi tío Santiago que es profesor de colegio, convirtiéndose en una pieza fundamental en mi educación. No hice mucha vida social ya que estaba centrada con los estudios, perdiéndome gran parte de mi adolescencia.
En esta etapa escolar me hubiera gustado que el profesorado estuviera más preparado para afrontar estas situaciones y tener los medios necesarios. Aunque algunos tenían muy buena disposición.
Al terminar de estudiar el grado superior decido prepararme para opositar de técnico de laboratorio y presentando en varios sitios como Valladolid, Madrid, Gijón… y he estado 4 años preparando las oposiciones con una academia online, ya que me resultaba mejor que presencial pues yo iba a otro ritmo que los demás y pudiendo ver las clases todas las veces que yo quería. Utilizando la bolsa de SESCAM, a finales de 2019 empecé a trabajar por primera vez en hospital de Talavera de la Reina con mucho miedo porque pensaba que no iba ser capaz acordándome de lo que me dijo el profesor, sin embargo, comprobé que podía hacerlo igual que los demás. Durante el confinamiento de la pandemia estuve trabajando en Valdepeñas y así he estado esporádicamente trabajando con contratos temporales en diferentes hospitales de la región, continuando mi preparación para opositar. Aunque todo sigue siendo un poco estresante. Y un problema añadido que tengo por trabajar en los hospitales es el tema de las mascarillas.


En mayo de 2022 hice las oposiciones en Castilla la Mancha (Toledo) y también hice en junio en Extremadura. En los dos sitios aprobé el examen ¡LO CONSEGUÍ! y estoy esperando la adjudicación de plazas, y me siento muy orgullosa, demostrando que sí se puede con trabajo y esfuerzo.
De mis relaciones personales durante mi infancia y adolescencia no tengo buenos recuerdos ya que en esas edades no se entendía mi discapacidad. Actualmente, bien, pero con los inconvenientes de que la sociedad no está acostumbrada a lidiar con la discapacidad y en concreto, en mi caso, con la sordera, por ejemplo, la incomodidad de bajar de marcha con mis amigos en sitios ruidosos. Con el Implante voy muy bien, pero en ambientes ruidosos y conversaciones con mucha gente me es muy complicado seguir. Quiero decir que mi relación es sólo con oyentes y con una sola persona sorda que se llama María en Villafranca de los Caballeros, con la cual mantengo una excelente amistad desde los dos años. Y con mi familia todo muy bien desde el principio.
Sobre mis hobbies, siempre me ha gustado hacer actividades del deporte como el senderismo, jugar al pádel, balonmano, crossfit, natación, correr… También me gusta viajar y conocer gente nueva.

Quiero dar gracias a todas las personas que me han comprendido y ayudado en todas las etapas de mi vida.
Todas las personas sordas tenemos que luchar contra las limitaciones a las que nos enfrentamos todos los días, ya que nuestra discapacidad es muy invisible, y tenemos que saber que podemos conseguirlo con la ayuda de nuestro Implante y ser fuertes y valientes.
