El implante me abrió un mundo tan amplio que me siento una super abuela

Antonia Lacasa Díaz

Antonia Lacasa Díaz, Presidenta de AICCLAM, la Asociación de Implantados Cocleares de Castilla La Mancha y miembro de la Junta Directiva de AICE, comparte en estas páginas de la revista “Integración” su experiencia con el implante coclear y cómo se siente gracias a él.

Perdí la audición cuando tenía solo tres años. Fueron mis padres quienes se dieron cuenta de que algo no iba bien: no reaccionaba cuando me llamaban y parecía no escuchar a mis hermanos. A partir de ahí comenzaron las pruebas, empecé a usar audífonos y también acudí a terapia y logopedia.

Durante muchos años llevé audífonos, pero en 2009 el del oído izquierdo dejó de ser funcional. Apenas entendía nada y fue entonces cuando inicié las pruebas médicas en el Hospital de Albacete con el doctor Javier Díaz. En 2010 me operaron y me pusieron un implante coclear. Desde entonces vivo con implante en un oído y audífono en el otro. La decisión de operarme la tomé yo misma y nunca tuve miedo, confiaba plenamente en el equipo médico y en todo lo que me habían explicado.

“La decisión de operarme fue mía y nunca tuve miedo. Confiaba plenamente en el equipo médico y en todo lo que me habían explicado”.

Mi etapa escolar fue buena. Estudié en un colegio religioso y tanto profesores como compañeros me ayudaban mucho: me sentaban en primera fila para escuchar mejor y siempre estaban pendientes de mí. En el instituto la situación fue parecida, me apoyaba mucho en mis compañeros, ya fuera con los apuntes o resolviendo dudas cuando no entendía algo. Más adelante trabajé como administrativa en una oficina. Me ocupaba de la contabilidad y el papeleo, excepto del teléfono, que lo atendía mi jefe.

La relación con mi familia y amigos siempre fue buena, pero tras el implante mejoró todavía más. Empecé a enterarme de más cosas, a captar sonidos del ambiente y eso me dio una mayor seguridad en las conversaciones y en la vida diaria.

Hoy en día practico natación; cuando me quito el implante y el audífono me comunico mediante lectura labial. Mis compañeros y la monitora lo saben y siempre me hablan mirándome para que pueda seguir la conversación. También disfruto de la lectura, la cocina y el bordado. En el taller hablamos mucho, a veces incluso todas a la vez, aunque deberíamos evitarlo, pero aun así consigo seguir las charlas, incluso cuando alguna compañera me da la espalda.

En cuanto a limitaciones, comparado con lo que oía antes, no siento apenas. Sí, hay momentos en los que quisiera escuchar más o entender mejor, sobre todo al teléfono, pero el implante me ha abierto un mundo tan amplio que me conformo con lo que tengo. Toda persona sorda se enfrenta a limitaciones en algún aspecto, pero yo me siento muy afortunada.

Además, ahora disfruto de una etapa preciosa: soy abuela de dos nietos. Ellos me han hecho descubrir sonidos que nunca había escuchado y me emociona poder entender lo que me dicen. Me siento una “super abuela”.

Quiero animar a todas las personas que no oyen y que tengan la posibilidad de ponerse un implante a que no tengan miedo. Que se informen bien y den el paso, porque realmente merece la pena y mejora muchísimo la calidad de vida.

Antonia Lacasa Díaz
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