Julián, socio 3467 de Federación AICE, nos cuenta y nos comparte su vivencia. El proceso que vivió, su actitud ante la operación, cómo fue su juventud, las aficiones que tiene, y cómo afronta la vida siendo usuario de implante coclear.
Soy de la opinión de que hay muchas similitudes en la vida de un implantado y al mismo tiempo considero que cada cual tiene una historia personal única, esta es la mía:
Mi nombre es Julián, aunque todos me llaman «Juli» y un día de mayo de 1991 (tenía por entonces 13 años) se metió en mi cuerpo la meningitis, a partir de ahí todo cambió. En lo físico perdí íntegramente el oído izquierdo y me quedaron residuos de audición en el derecho, que se intentaron mejorar con la puesta de un audífono.
En lo personal todos sabemos lo que afecta. La primera solución fue el audífono. En ningún caso fue una opción eficaz, en ambientes incluso con poco ruido de fondo, el entendimiento de la conversación se hacía complicado. Un ejemplo claro de esto es que en el instituto buscamos el apoyo de una emisora que se ponía el profesor y un receptor para mí con lo que pude seguir las clases. ¡Tuve mucha suerte en aquel entonces de tener unos profesores tan cercanos! De hecho, a día de hoy quedamos de vez en cuando y vamos a la bodega del pueblo, o me paso por el Instituto para comentarles alguna duda.
Con el paso de los años esa audición residual se fue perdiendo y con veintinueve años se hizo necesaria la puesta en marcha del implante. Haciendo un paréntesis en el tiempo quiero decir que el intervalo entre los 17 años hasta los 23 fueron una subida de fuerte pendiente. Había terminado de estudiar y no encontraba trabajo, mis compañeros todos tenían colocación inmediata… y estaba en una edad en la que la personalidad era aún muy vulnerable. Estuve un año en blanco en el que iba a estudiar a la biblioteca libros de mecánica y electrónica y me pasaba horas y horas haciendo circuitos electrónicos en casa todo ello complementado con mucho deporte. Siempre he sido un chico muy social, pero en esta época de mi vida, al tener una audición tan pequeña me encerré mucho en mí mismo.

Mirad, el día de la operación no tenía ningún tipo de dudas o miedos, era tanta la necesidad de oír y entender que antes de que me quedara dormido en el quirófano le dije al cirujano “mire a ver si puede hacer una buena faena y me da una oreja”, ¡y así fue! La operación fue todo un éxito, se siguió el programa de logopedia y los niveles de compresión fueron saliendo.
Respecto al trabajo, un año que ahora no recuerdo, la empresa Michelin a través de su Fundación y los proyectos solidarios, propusieron a los trabajadores que presentaran un proyecto de la índole que fuera. Ese proyecto se sometería a una votación y el ganador se llevaría la cantidad de dinero que la empresa estipuló. Me decidí y presenté una iniciativa sobre el implante coclear. En la iniciativa expliqué en qué consistía la puesta en marcha de un implante en una persona. Por un lado, el aspecto físico, lo que conlleva la operación y en qué consiste y por otro lado todo el aprendizaje logopédico y de adaptación a esos nuevos sonidos.
En la ciudad donde yo vivo, que es Aranda, hay varios implantados, pero en fábrica no hay ninguno trabajando por lo que soy el único que de alguna manera puede contar de pura vivencia de qué se trata esto. Creo que, en este caso, aunque no se ganó el premio se difundió algo que existe y que es real.
Aunque ahora todo se ve de otro modo hubo momentos muy concretos en los que necesitaba apoyo, pero también soy consciente de que al final el camino es de uno mismo y hay que seguir por lo que parar nunca fue una opción. Hay días en los que hay que ir más despacio, pero detenerse está prohibido.
Con el implante tuve que dejar de hacer unas cosas y las suplanté con otras. Quiero decir que unas cosas llevan a otras, por ejemplo, dejé de jugar a fútbol, pero empecé a hacer bicicleta y también he podido desarrollar unas aptitudes muy chulas con las manos. Ahí os dejo unas imágenes para compartirlas con vosotros. En lo último que estoy es en la reforma de la casa de mi padre del pueblo.
Me gustaría poner aquí una reseña personal. Muchas de las complicaciones que la sordera ha traído a mi vida las he podido solucionar gracias a no ser consciente del alcance en sí del problema. Por ejemplo, cuando tuve la meningitis y me medicaban para intentar recuperar oído me preocupaba más la inyección en el trasero que el hecho de haberme quedado sordo. Con ello quiero decir que a veces ser un poco inconsciente de lo que realmente está pasando puede tener su punto.


