Mi nombre es Pilar, tengo 20 años y soy de Zaragoza. Soy el primer miembro de mi familia en tener sordera y después de un estudio médico, mis padres descubrieron que se debe a una mutación genética. Actualmente, tengo dos implantes cocleares, uno en el oído derecho que me pusieron cuando tenía 3 años y medio y otro en el oído izquierdo que me pusieron cuando tenía 5 años.
Durante mi etapa escolar, he asistido a diferentes colegios. El primero al que asistí después de mi diagnóstico fue la Purísima y San Antonio de Zaragoza. Según me cuentan en casa y por algunos recuerdos que todavía conservo, este colegio ayudó a mis padres a comprender mi discapacidad y a saber cómo actuar con un hijo con discapacidad auditiva. Luego, asistí a un colegio especializado en la integración de alumnos con problemas auditivos, pero tengo malos recuerdos de mi experiencia
allí. Finalmente, asistí a un instituto público donde nunca antes habían tenido un alumno con discapacidad auditiva, lugar donde me sentí totalmente integrada e hice amistades que mantengo hasta el día de hoy.
En la actualidad, estudio ingeniería informática en la universidad y estoy en mi tercer año. Ha sido un camino muy difícil llegar hasta aquí, especialmente porque empecé mi carrera en medio de la pandemia de la COVID-19. Al principio, las clases eran 100% en línea y tuve que lidiar con muchas barreras, como una acústica deficiente en las clases remotas, la falta de subtítulos y algunos profesores que impartían clases con mascarillas, lo que me impedía leer sus labios y seguir el hilo de la clase.

Durante mi segundo año, cuando las clases volvieron a ser presenciales, tuve que lidiar con las dificultades típicas de cualquier persona con discapacidad auditiva, pero con la adición de las medidas de seguridad y contingencia de la COVID-19, como la necesidad de mantener la distancia de seguridad con los profesores. Durante ese curso, el uso de mascarillas seguía siendo obligatorio, lo cual fue una de
las barreras más grandes que encontré durante mi etapa universitaria y en mi vida diaria.
Actualmente, en mi tercer año de carrera, sigo luchando por mis derechos básicos para poder eliminar las barreras que encuentro debido a mi discapacidad, como tener un sitio en las primeras filas y adaptaciones en los exámenes. Es cierto que la mayoría de los profesores me conocen de años anteriores y he tenido la suerte de encontrarme con algunos que se han comunicado personalmente conmigo para preguntarme y saber cómo pueden ayudarme mejor. Sin embargo, no todo ha sido fácil, ya que algunos docentes consideran que como mi discapacidad es «invisible», no tengo dificultades para escuchar como mis compañeros.
Durante mi etapa universitaria, he tenido la suerte de encontrarme con compañeros cuya mentalidad es abierta y curiosa. En algunos casos, me hacen preguntas para conocer más sobre mi discapacidad y ayudarme de la mejor manera posible. También me recuerdan cosas importantes que han dicho los profesores en caso de que no haya podido escuchar o me ayudan a tomar notas de las explicaciones que no he llegado a escuchar.
Junto con ello, me considero una persona muy afortunada de contar con los padres que tengo, los cuales han sido mi pilar fundamental y gracias a los cuales he podido salir adelante. Han sido las personas que me han ayudado a levantarme cada vez que me he tropezado en el camino y luchado hombro con hombro cuando ha sido necesario.

Y sobre todo el poder contar con asociaciones como AICE y ASPANSOR, gracias a las cuales he podido acudir para dar a conocer los problemas que he tenido y alzar la voz en busca de soluciones. He podido participar en encuentros como el EYE Santander o el encuentro de Jóvenes en Barcelona, donde he podido compartir mis experiencias con personas que encuentran dificultades similares. No me puedo olvidar de los campamentos de AICE y la semana de la Amistad en Reino Unido donde establecí amistades que han persistido a lo largo de los años. Han pasado 6 años desde mi primera experiencia en un campamento de AICE y volvería atrás en el tiempo para poder repetir la experiencia.
Es mi deseo continuar colaborando en estas iniciativas y seguir haciendo oír mi voz para ayudar a quienes puedan estar enfrentando situaciones similares.

