María Rodríguez, implantada coclear e ingeniera agrícola participa en la “Jornada Ingeniería, Discapacidad e Inclusión”

María Rodríguez

El pasado 13 de enero, en el Caixa Fórum de Madrid, se celebró la Jornada Ingeniería, Discapacidad e Inclusión, organizada por la Real Academia de Ingeniería, en colaboración con IDOM (una empresa independiente que presta servicios profesionales de Consultoría, Ingeniería y Arquitectura), y la Fundación Once, enmarcada dentro del proyecto “Mujer e Ingeniería”.

El evento, un enriquecedor encuentro entre profesionales de diferentes sectores y personas con discapacidad, sirvió para dar visibilidad a la labor de la ingeniería, un sector desde donde se ha trabajado incansablemente para contribuir al bienestar de la sociedad, mejorando la vida de las personas con diferentes capacidades, gracias al diseño de dispositivos y sistemas que les permiten una mayor independencia en su día a día.

Como no podía ser de otra manera, Federación AICE ha participado en este evento con la ponencia de Joan Zamora, ingeniero industrial y nuestro Presidente, con la colaboración de nuestra socia María Rodríguez, explicando su experiencia como mujer, ingeniera e implantada coclear y con la visión médica del Dr. Lassaletta.

María fue diagnosticada de hipoacusia bilateral profunda cuando solo era una bebé. Sus padres se dieron cuenta de que algo le ocurría porque no respondía ni reaccionaba a los sonidos como otros niños y niñas de su edad. Finalmente, la solución llegó de mano del implante coclear y en 1998, cuando contaba con 26 meses, operaron a María en la clínica San José de Barcelona.

Le programaron el implante al mes de haber sido operada. Ella no lo recuerda, era demasiado pequeña, pero le contaron que su primera reacción fue la risa, mientras escuchaba con cara de asombro todo lo que pasaba a su alrededor.

La programación fue el primer paso, luego vendrían muchas horas de logopedia y apoyo en una asociación de sordos en Ciudad Real. Todas las semanas con sus padres tenía que desplazarse varias veces a Ciudad Real, que está a 86 km de su pueblo.

Nos cuenta que a lo largo de su vida ha llevado tres implantes cocleares y que “es impresionante ver cómo la tecnología avanza”. El primero de los implantes era una petaca que llevaba a la espalda, el segundo, un dispositivo que llevaba detrás de la oreja y por último el que lleva ahora, que es como un botón que casi no se ve. Por eso se dice que es una discapacidad invisible. Por ello, “cuando digo que soy sorda mucha gente no se lo cree, les tengo que enseñar el implante y se quedan asombrados”.

Cuenta como su vida ha sido igual que la de otro niño oyente. En infantil, primaria y la ESO no tuvo ningún problema, iba superando las asignaturas y recuerda que tuvo unos buenos profesores que se implicaron con su caso. Recuerda que sus asignaturas favoritas siempre han sido las matemáticas y educación física, por el contrario, no le gustaban las ciencias sociales. A día de hoy conserva a sus mejores amigos de la infancia.

Sin embargo, explica que sí que conoce a gente con implante coclear que no ha tenido la misma suerte que ella: ”hay personas que no tienen empatía y no ayudan a los demás creándoles inseguridad”.

En Bachillerato, continuó sus estudios en el pueblo de al lado, todo nuevo, gente nueva que no conocía, pero que desde el primer momento se interesaban por ella y le ayudaban. En clase siempre había un sitio en la primera fila para ella. Recuerda que, en segundo de bachiller, se le rompió el micrófono del implante, estuvo una semana sin escuchar y su tutora llamaba todos los días a casa para explicarles lo que habían hecho y que no se quedara atrás con la preparación de selectividad.

En Bachillerato, continuó sus estudios en el pueblo de al lado, todo nuevo, gente nueva que no conocía, pero que desde el primer momento se interesaban por ella y le ayudaban. En clase siempre había un sitio en la primera fila para ella. Recuerda que, en segundo de bachiller, se le rompió el micrófono del implante, estuvo una semana sin escuchar y su tutora llamaba todos los días a casa para explicarles lo que habían hecho y que no se quedara atrás con la preparación de selectividad.

María decidió continuar sus estudios con el Grado en Ingeniería Agrícola y Agroalimentaria en la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Ciudad Real. Tenía claro que quería estar cerca de su pueblo y que siendo hija y nieta de agricultores, tenía que estudiar algo relacionado con el campo, para poder ayudar a su familia de alguna manera. Lo que más le gusta es ayudar a los demás con lo que aprender e intentar solucionar los problemas que van surgiendo en el día a día.

María decidió continuar sus estudios con el Grado en Ingeniería Agrícola y Agroalimentaria en la Escuela de Ingenieros Agrónomos de Ciudad Real. Tenía claro que quería estar cerca de su pueblo y que siendo hija y nieta de agricultores, tenía que estudiar algo relacionado con el campo, para poder ayudar a su familia de alguna manera. Lo que más le gusta es ayudar a los demás con lo que aprender e intentar solucionar los problemas que van surgiendo en el día a día.

Cuando dijo que quería hacer ingeniería agrícola la gente le preguntaba: “¿estás segura?, vas a ir sola con chicos”. Pero la realidad fue que en su promoción se encontró con más mujeres de las que me esperaba y “aunque el primer día de carrera recuerdo que fui con mucho miedo, conocí a mis compañeros que a día
de hoy son mis mejores amigos”. Comenta que por su experiencia ha aprendido que lo primero que tiene que decir cuando conoce a una persona nueva es comentarle que es sorda, que lleva un implante coclear y que a lo mejor no le va a entender correctamente, que vocalice bien.

El tramo final de la carrera coincidió con el inicio de la pandemia, y con las clases online, lo que le costó un poco, pero al final todo salió bien. La pandemia le hizo darse cuenta de que necesita mucho la lectura labial, ya que con las mascarillas le cuesta mucho entender a las personas que no conoce.

Según nos explica: “Los Ingenieros Agrícolas tienen múltiples salidas; están presentes desde la planificación de la materia prima hasta la comercialización final del producto, pasando por el control de calidad de los mismos. También diseñamos, proyectamos, optimizamos y mejoramos los sistemas productivos de la industria agroalimentaria, y, además, somos parte del desarrollo de las nuevas tecnologías aplicadas a los cultivos y al sector ganadero”.

En cuanto a su experiencia laboral, hizo las prácticas de empresa en la cooperativa de su pueblo, donde
gracias a la compresión e ilusión de su jefa y compañera, pudo aprender mucho del mundo del vino. Después de las prácticas estuvo cuatro años trabajando con ellos, compaginando la carrera con el trabajo, lo que fue una gran experiencia. También ha trabajado en una empresa de asesoramiento a los agricultores y ganaderos de Castilla – La Mancha, donde coincidió con la pandemia, al principio le costó incorporarse, pero con la ayuda de los compañeros y jefes se sintió muy a gusto y se dio cuenta de que cuando te gusta hacer algo, se puede conseguir.

María luciendo su implante coclear y haciendo el símbolo del mismo.
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