Mi experiencia personal

Álvaro Pascual

Álvaro Pascual, socio 3099, tiene 43 años y es de Santander (Cantabria). Siendo niño fue perdiendo audición debido a un medicamento ototóxico. Fue superando todas las barreras comunicativas a través de audífonos hasta que hace tres años se decidió a implantarse. Gracias a los resultados obtenidos, siente que su vida ha mejorado y por eso quiere asesorar a todas las personas en su región.

Nací un dos de noviembre de 1969 en Santander, teniendo ya otros 5 hermanos, y lo hice sin ninguna complicación auditiva. A lo largo de mis primeros años en el colegio fue todo normal, recuerdo aquellos primeros años, en el caso de 2º de la etapa de EGB, que estaba muy ilusionado por aprender, me sentía mayor y estaba orgulloso de ir al colegio, me encantaba. Durante el curso de 3º recuerdo vagamente que empecé a perder audición, antes de darme yo cuenta mi familia empezó a percibir que no atendía cuando me llamaban y durante el curso los profesores y profesoras notaron un cambio brusco en mi atención y notas.

Se llegó a la conclusión que lo que me afectó fue la administración de un antibiótico llamado Farmapen, que fue el culpable y la causa de mi perdida auditiva. Sufrí fuertes dolores en los oídos, todavía recuerdo esos dolores y esas gotas con las que me calmaban los dolores.

Entonces fue cuando mis padres me llevaron a los mejores otorrinos de España, tanto en Madrid como en Barcelona, para saber qué me ocurría. Los resultados finales fueron pérdida auditiva en el oído izquierdo total, y en el derecho perdí un 80%, que con la ayuda de un audífono me podía defender algo. Recuerdo que al principio me daba mucha vergüenza llevarlo, sólo me lo ponía en casa, en clase me costó mucho poder seguir las explicaciones de los profesores. Por las tardes tenía clase particular con una logopeda y a la vez repasaba los temas que a lo largo del día tenía en clase. Para mí fue muy duro tener que sobre esforzarme para aprender, me cansaba tanto que dejé de estudiar, teniendo durante los cursos notas muy malas, incluso repitiendo un par de cursos en esos tiempos. A esa edad no me daba cuenta lo mucho que estaba perdiendo en cuanto a mi formación académica. Llegaron a enseñarme un colegio especial para personas discapacitadas auditivas, lo rechacé enérgicamente, quería estar con mis compañeros de clase, ya que ellos me apoyaron mucho aunque hubo otros, como siempre, burlándose de mí continuamente.

Mi formación se centró en algo que tenía relación con el campo, me encantaba el pueblo de mi madre y quise aprender algo relacionado con la agricultura, lo tenía claro ya que mi discapacidad me impedía formarme como administrativo que en aquella época era en lo que la mayoría de mis compañeros se formaron. La agricultura me fue más fácil ya que es un aprendizaje más directo y me resultaba fácil aprender y estudiar, aunque había asignaturas muy exigentes en las que se necesitaba escuchar la explicación del profesor. Una de dos: tenía la opción de entenderle o de empollármelo al pie de la letra. También tenía mis barreras de comunicación, algunos profesores fueron flexibles en cambio otros eran más duros, tuve muchos problemas con el inglés. Bueno, al final lo importante es que saqué el título de formación profesional de explotaciones agropecuarias y después me especialicé en hortofruticultura.

En esos años tuve problemas con los telefonillos de los portales, teléfonos fijos de casa, la radio y la televisión, lo oía todo pero no lo entendía.

Mis aficiones en mi etapa de estudiante era jugar a fútbol sala o pista, la pesca con caña desde el muro, en el barco de mi tío, y en el río con mi padre.

Los audífonos avanzaron de lo analógico hasta lo digital, normalmente hacía mis revisiones en Madrid y los ajustes donde estaban los mejores otorrinos de España. Mi pérdida se mantenía, ni mejoraba ni empeoraba.

En la edad adulta me gustaba salir de fiesta y sentir la música, aunque no entendía la letra, pero aprendí a seguir los sonidos y a bailar que me gustaba mucho cosa que no se me dio mal. Puff, lo difícil eran las chicas jejeje, para relacionarme con ellas, me costaba entenderlas con tanto ruido de discotecas, me veían como un bicho raro con ese aparato. Hasta yo mismo lo pensaba, aunque muchas veces ni me daba cuenta que lo llevaba, solía llevar el pelo largo para que no se me viera. Aunque también tuve la suerte de conocer alguna chica, que se sensibilizó con mi pérdida auditiva, me ayudaron mucho, valorándome y respetándome. Aún así era evidente que era muy tímido con gente que no conocía, ya que para poder comunicarme a través de una sencilla charla antes tenía que controlar su forma de hablar y saber leer sus labios. Esta última parte muy importante como por ejemplo a una persona con barba, siempre me costaba mucho entender.

A los 18 años me saqué el carné de conducir como todo el mundo y sin ningún problema, esto me hizo ser más fuerte, me empezaba a identificar como un oyente. Pero a la hora de buscar trabajo no me fue fácil, busqué más formación como aprender la Lengua de Signos, donde aprendí mucho de la gente de diferentes pérdidas auditivas. Pude conocer a mucha gente y viví una experiencia formidable, además de aprender un idioma para comunicarme con personas sordas.

Ya cerca de los 25 años terminé los estudios, estaba en una edad en la que pensaba mucho en el futuro: mis salidas, mis estudios, mis formaciones. Pero tuve la desgracia de perder a mi padre, fue un duro golpe.

Me refugié en mi afición a la pesca, era lo que me hacía olvidarme un poco de todo. Llegué al punto de aficionarme tanto que me especialicé y empecé a competir en campeonatos regionales y nacionales. Seguía con mis dificultades, esas barreras de comunicación, pero me esforzaba ante todo lo que se me interponía.

Tuve la suerte de conocer gente de Barcelona y otras provincias a través de los concursos y campeonatos a nivel nacional, entablé amistad con varios pescadores, con los que aprendí mucho y conviví en los numerosos viajes de pesca en el extranjero. Recuerdo el miedo de los aeropuertos, pues comunicaban todo por megafonía. ¡Uf, qué mal lo pasaba! Tenía que estar constantemente preguntando a la gente, aunque hasta ellos a veces me decían que no estaban seguros de haber entendido el mensaje, ¡qué mala la megafonía en aquellos años! Como avanzamos…

Me independicé con 34 años, tengo mi propia casa y mi vida. Creí que, como todo el mundo se iba casando, yo también tendría mi mujer y que ella me ayudaría en todas esas dificultades de comunicación, pero… aún sigo soltero… Empecé a tener mis principios de dificultad. Como siempre recurrí a mi hermana, la «secretaria-telefonista», y aquí es donde me di cuenta que tenía más barreras de comunicación de las que yo pensaba. Mi hermana fue la que pidió cita en la Universidad de Navarra para informarnos de las posibilidades de una operación y sus resultados.

Conclusión de las pruebas y consultas, de una forma rápida, que sí era viable para un implante coclear. Me explicaron en qué consistía la operación y como se trataba de una operación quirúrgica, me negué a operarme. Tenía pánico a una jeringuilla y el miedo a una operación era aún mayor. Me costó decidirme y cuando pasaron cuatro años, me di cuenta que tenía que operarme para poder vivir tranquilo, independientemente y asegurarme el poco oído que tenía, con el riesgo de quedarme sordo y estar más aislado de la sociedad, cosa que no deseaba. Debido a las presiones de mi familia y amigos me decidí yo mismo, pensé: me voy a operar para que me dejen de presionar.

Antes quise asegurarme con una segunda visita al Dr. Manrique, para quitarme dudas sobre el proceso a realizar y el trabajo después de la operación. Así como también para informarme de los avances de estas operaciones. La única pega era que el aparato era más grande que el audífono pero que en un futuro no muy lejano van a ser mucho más pequeños y compatibles.

Decidí operarme ya que era sencillo, una operación de menos de 2 horas, ingresado 48h. Y lo que más temía era estar un mes sin poder oír nada, fue duro pero a la vez una experiencia única de lo que es estar sin oír nada al 100%, lo poco que oía lo perdí al estar el electrodo en el interior de la cóclea. Tuve la suerte de ser un experto en leer los labios, así podía hablar con la gente y amigos normalmente hasta que pasado ese tiempo llegó la hora de la verdad, oír con el implante coclear. Al principio fue muy extraño, con el efecto de sudoración, y me decía: no creo que sea así siempre. Eso ya me lo advirtieron, ya que el proceso más importante es ajustar bien el procesador según vamos experimentando. Durante una semana entre audiometrías, logopedas, se ajustó el procesador para en menos de un mes volver otra semana entera de mañana y tarde con logopedas y audiometrías, ajustes del procesador.

Curioso, tuve un pequeño problema, notaba interrupciones de décimas de segundos. Me cambiaron el procesador, me tuvieron que comprobar el implante interior, todo bien. No dábamos con el problema pero era un incordio que me mosqueaba. Después de tantas vueltas por la calle pensando que eran determinados ruidos o tal vez que tenía una piel muy gruesa o el pelo… Conclusión, era que al cortarme el pelo muy corto, en la zona del imán hacía efecto de una esponja que me separaba la unión de los dos imanes y se producía ese efecto de décimas de segundos que se apagaba. Tengo que deciros que uso el imán nº 5, aún así creo que hay el nº 6 pero es para casos más especiales, así que desde que no me lo corto muy corto solucionado el problema. Tengo una amiga peluquera que me lleva cortando el pelo desde hace más de 15 años, de esta forma comprobaron que el implante funciona correctamente, y que el esfuerzo y la operación dieron su resultado positivo.

Pero aún quedaba el proceso más importante que es el de una buena rehabilitación con gente experimentada y expertos como con los la realicé, el Dr. Borragán y las logopedas María José y Marian, que hicieron un magnífico esfuerzo durante el año y medio que duró mi rehabilitación.

Es curioso, sobre los 34, aparte de independizarme, cambié mucho, perdí mi timidez y vergüenza a no sé que… y ahora soy mucho más abierto, sociable y con la mejoría de mi implante mucho más.

Por fin puedo decir que ya puedo seguir un conversación completa y poder intervenir en dicha charla, antes ni me enteraba y era el típico que no se enteraba y no intervenía.

Ahora puedo usar el móvil y defenderme perfectamente con cualquier persona, hasta con los que no saben que tengo un implante. He experimentado una mejoría general, aunque los ruidos son muy molestos, lo reconozco y es lo único negativo.

La televisión me cuesta entenderla cuando tengo en posición normal el procesador, suelo subir la sensibilidad y entonces consigo entender todo. Por la noche suelo usar el accesorio que conecta el auricular del televisor al procesador, consiguiendo mucho mejor calidad de sonido y entendimiento.

Para la música suelo usar un MP4 por recomendación del logopeda, siempre música española y tratar de esforzarme por entender la letra.

Dispongo de un barco de 8 metros, estoy titulado como patrón de barco de hasta doce metros, y las dificultades son parecidas a las de la mayoría ya que las emisoras emiten muchos ruidos, pero sin problema porque siempre voy acompañado.

He realizado muchos viajes al extranjero por el hobby a la pesca de mar salada. En ningún sitio he tenido ninguna contrariedad con el procesador, recientemente pasé por el moderno escáner humano en Miami y no tuve ningún problema con el procesador, aunque siempre conviene avisar al de seguridad. En España aún están poco informadas las compañías de seguridad y vigilancia sobre los implantes, que algunos desconocen y hay que explicarles.

Leyendo las revistas de Integración, me doy cuenta que en Cantabria no hay nadie que se ocupe de defender e informar sobre los implantes cocleares directamente en el territorio. Creo que por ser un portador del implante, y como he mantenido varias reuniones con gente de la Federación y me pueden continuar asesorando en el tema, puedo ser un colaborador de AICE en Cantabria. Por eso os quiero convocar a todos los implantados de Cantabria para que se pongan en contacto conmigo a través de la Federación, tanto de niños como adultos, e intentar hacer proyectos y gestiones según las necesidades que veamos que tenemos.

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